lunes, 25 de abril de 2016

VIRGILIO Y ALEJANDRO (III)


et quererer lecti frigida regna mei.

“y me quejaba del frío reino de mi lecho.”

Propercio, IV, 7.

El aliento del hielo
en primavera,
entre las sábanas
se escurre un silbido
tenue y sordo,
cómo el compás
interrumpido de la lluvia.

Dedos largos que recorren
la piel de las rodillas,
que exploran
su camino hacia la sombra.

Despierta para cantar al amor.
Grita…
Disfruta mientras imaginas otro sueño.

Acariciando mis propias pupilas,
recuerdo imágenes escapadas
y el escaparate terrible
del sonido del placer.

Placer ajeno que lamente
el frío, los dedos
que esperan en la esquina
mientras el piano se caduca
en el diván oculto de
una pensión de mala muerte.

Una tormenta de soledad invadida,
deseos disueltos en el frío.
Laureles helados de la madrugada,
rocío inútil que se escapa de mis ojos
y flota en el nimbo de la felicidad escapada.

El placer solitario y propio de los locos,

el lecho, un reino frío de amores perseguidos.


Pintura: Kris Knight

miércoles, 6 de abril de 2016

VIRGILIO Y ALEJANDRO (II)


Eres un incendio en un mar verde palma,
o el amor simplemente, con guirnaldas y ruidos.
Pasión y belleza habitan en tus días,
y arcángeles cantores circundan tu camino.

Luis Antonio de Villena.


Así es como quiero verte,
coronado de hiedra
y con la miel en los labios.

Una sonrisa levemente catuliana,
susurrando a Safo entre los dientes
mientras pasa la Belleza en tu mirada.

Las violetas son para la cama.
Abrir se ha el jacinto de tu seno
y el sutil narciso de tu espalda.

Escape el incienso en la ventana.
Ebrios de locura y medianoche,
conserva cada pedazo de mi alma.

Apoya tus manos en las mías,
guardemos cada una de las
ocultas promesas de futuro.

Dos flores que se abren
al compás de la cítara,
dos cuerpos de amantes.

Se la brisa que traen
las musas, el canto heliconio,
y los folios cerrados de hermosura.

Tú y yo seremos juntos,
tan infinitos como voraces.
Tú y yo seremos, juntos...

Pintura: Kris Knight

domingo, 3 de abril de 2016

VIRGILIO Y ALEJANDRO (I)

libidinis in pueros pronioris, quorum maxime dilexit Cebetem et Alexandrum, quem secunda Bucolicorum ecloga Alexim appellat, donatum sibi ab Asinio Pollione, utrumque non ineruditum

"Su deseo se inclinaba a los muchachos, de los que amaba más a Cebeto y Alejandro, al que llama Alexis en la segunda égloga de la Bucólicas, regalo que le hizo Asinio Polión. Ninguno de ellos era un inculto."

Elio Donato, Vita Vergiliana, V.


O crudelis Alexi, nihil mea carmena curas?
Nil nostri miserere? Mori me denique curas?

Virgilio, Bucólicas, II.


La noche calla
con estrellas fatuas
y lunas fugaces.
Un golpe en el pecho
parece retumbar
a ritmo de elegía.

Un simple sueño
entre sudor de primavera.
La búsqueda del fuego prohibido.

Sería amar escapando,
no habrá tregua ni pacto.
Solos a la orilla del río,
lanzados a la frescura del día.

Escuchar a Anacreonte
de tus labios, mientras
un beso robado del príncipe
troyano se escapa hacia los míos.
Hablas como las olas de Lesbos.

Coronados de violetas 
y con las alas encendidas.
Corremos sin cesar 
hacia el Olimpo.

No habrá que respirar
entre tus besos.
La miel de tus caricias
traspasará cada centímetro
de piel a ritmo de latido.

Permaneces tras los cristales
oscuros de mis lágrimas.

Como el Céfiro fugaz
se llevó a Jacinto con el disco,
entraste de un flechazo insalvable.

Desde aquí dentro
llora un alma inútil.
Inútil como la herida
del Amor.

Nadar en espuma de abril sin compañía.
Explorar los parajes desiertos de mis piernas.
Sentir el roce de las cuerdas de tu lira.

Canto sin sentido a un hombre sin armas.
Canto sin sentido a la pena inapelable.
Canto sin sentido a la muerte del Amor.

Sólo es un nombre que sabe a sueño.
Alejandro, el protector de hombres.

Imagen: Wilhelm von Plüschow

jueves, 7 de enero de 2016

IUDICII SIGNUM


Pero en todos el infierno
Está oculto, hasta el instante
De las lágrimas, del grito
Que de las entrañas sale.

Luis Cernuda.

Simplemente he dicho
que no puedo más.

Que susurrar a los oídos
equivocados
es saltar
en pantalón de piel
por las lágrimas
ilustres
de las palabras
inútiles.

Simplemente he dicho
que no puedo más.

Que tengo ganas de
escribirte
en un libro de poemas
con la pluma suicida
de la indiferencia,
mientras devoro
cada uno de los regalos
efímeros
de mi corazón a media
noche.

Simplemente he dicho
que no puedo más

Que estas sábanas son demasiado
delicadas
para otra despedida.
¡Acercate y hazme daño!
Salta sobre mí y que
una antorcha
llene de soledad
mi fuego fatuo.

Simplemente he dicho
que no puedo más.

Que corro una maratón
en cada uno de tus pecados.
Sin confesor ante el Señor.
Perdido en el testero de la
Sixtina,
mientras un desnudo asustado
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora
de nuestra muerte.
Amén.


Ignudi en la Capilla Sixtina, Miguel Ángel.

viernes, 13 de noviembre de 2015

ÍCARO, AMOR


Non potuit Minos hominis conpescere pinnas
ipse deum volucrem detinuisse paro.

Ovidio, Ars Amandi, II 97-98.

"No pudo Minos frenar las alas del hombre
y yo mismo intento retener a un dios volador".

Le pediste alas a tu madre,
para aligerar tu peso
y romper almas a flechazos. 

Surcaste el cielo, a toda velocidad,
mirando a todas partes,
y posaste tu punta dorada
en algún lugar desconocido
de mi geografía.

Y seguiste volando, y volando,
corriendo...
Volcaste mi cuerpo una y otra vez,
venías arrastrándome
como un pámpalo en día de granizo.

Alguien te soplaba por debajo,
y tú subías, y subías,
y yo gritaba
como Oritia atrapada por la nube.

Dejé de tener miedo,
gritar no servía si quería disfrutar,
me arrastraste, ahora sí
con toda la intensidad del mundo.

Besos, abrazos, caricias,
"te quieros"...
No tenían fundamento.

Pero seguiste subiendo,
sin darte cuenta
que tus alas eran las de Ícaro. 

Fuimos tan lejos y tan rápido
que antes de cerrar los ojos
ya no te quedaban plumas.

Caíste...
Caíste...
Caíste...

Pero ahora sólo un mar lleva tú nombre,
el que inunda de negro los recuerdos felices. 


Jacob Peeter Gowy, "La caída de Ícaro", Museo Nacional del Prado.

martes, 10 de noviembre de 2015

Έρος λυσιμέλης.

Dulce animal amargo que repta irresistible.

Me recuerdas a uno de mis poetas
en la foto que acabas de subir;
la que te hice en el museo
con mi sombrero puesto
y tu sonrisa...

Entones el alma salta
en mi corazón
y las sensaciones 
vuelven sin pedírselo.

Miles de hormigas incendiadas
se escapan por los palmos
de mi cuerpo,
tiemblo, mis labios se adormecen 
y mi boca no articula.

Tampoco escucho,
sólo resuena tu música
en mis oídos,
y el regalo de un pedazo
de tu aliento.

Poco a poco,
pierdo lo que veo, 
y mi interior se extremece,
mientras mi estómago enloquece 
en náuseas y arrebatos,
los mismas que no puedo 
evitar cuando estoy contigo,
losque me dejan como un
imbécil infantil y
me hacen pasar tanta vergüenza.

Aquellas que no sé cómo te importan,
y por las que ahora tengo
miedo
a que lo nuestro se convierta
en un recuerdo.

Este es el Eros maligno que vuelve,
ahora temeroso,
para desmayarme los miembros.


lunes, 2 de noviembre de 2015

VERSOS DE ABRAZO Y EROS.

Te mihi materiem felicem in carmina praebe:
provenient causa carmina digna sua.

Entrégate a mí como materia eufórica de mis versos:
saldrá un canto digno de esta causa.

Ovidio, Amores.

Esta noche prometiste no soltarme,
y abrazarme tan fuerte como puedas,
con la misma violencia que Eros,
cuando abate las encinas de Safo.

Y ahora quiero que me abraces
y dejes cada movimiento
en una palabra grabada a fuego
palmo a palmo de mi cuerpo.

Si la vida es ciertamente
una carrera indiferente,
abrázame
y dame cada una de las melodías
de tus sueños,
para que pueda forzarlas
en un corazón de hojalata
y regalártelo entre mis lágrimas
de otoño.

Yo también quiero
abrazarte,
y que mi cuerpo sea un bullir
de dos latidos.

Una palabra en el oído,
y otra, y otra…
y un verso
que se tambalea
en la cuerda floja.

Ese verso que corre
entre “te quieros”
de antes de dormir,
y pide que hagamos el amor,
como la primera vez,
con el vinilo de cantautor
dando vueltas en el tocadiscos.

Cada vez que tus manos caen,
como gotas de miel sobre la tarta,
una palabra se despierta
y Safo me susurra:

“Enamórate de él un poco más”.

Safo inspirada por Amor. Angelica Kauffmann “Sappho inspirée par l'Amour” de 1775.